De la República Democrática del Congo a Zimbabue – Conoce a Barthelemy
Me llamo Barthelemy Mwanza y tengo 28 años. En 2012, hui de la República Democrática del Congo y llegué a Zimbabue. Llegué solo, pero me reuní con mi hermana, que ya estaba allí.

Mis padres son de tribus diferentes: mi padre es de Kasai y mi madre es de Kivu del Sur. Se produjo un conflicto entre esas tribus, y me obligaron a unirme a un grupo de Kivu del Sur al cumplir los 18 años.
Pero ese grupo mata a personas y hace otras cosas malas, y si no me unía, me matarían. Tuve que huir del país para salvarme la vida.
Para llegar a Zimbabue, cogí un barco desde la República Democrática del Congo hasta Zambia. Desde allí, un camión me llevó a la capital de Zimbabue, Harare, donde conocí a algunas personas que ayudaban a los refugiados. Me metieron en un autobús y así llegué al campamento de refugiados de Tongogara en Zimbabue, donde estoy ahora mismo.
Desde 2012, no sé nada de mis padres. La Cruz Roja todavía los está buscando. Quizá un día los encuentre. Todavía estoy esperando.
Persiguiendo un sueño
Me gustaba la vida que llevaba en la República Democrática del Congo. Pasaba tiempo con mis amigos, trabajaba con grupos de jóvenes (algo que me apasiona) y estudiaba mucho porque siempre he soñado con convertirme en periodista.
El periodismo se convirtió en mi pasión al ver programas de noticias de pequeño. Me inspiró y empecé a jugar con micrófonos. Un día, tuve la oportunidad de aprender sobre el trabajo en una cadena de televisión. Le pedí a mi familia me llevara allí y, cuando llegué a casa, estaba muy emocionado.
En la República Democrática del Congo, mi visión era educar a los jóvenes. Pero cuando llegué al campamento de Zimbabue, vi a muchos jóvenes con talento haciendo cosas. Así que decidí que, para ayudarlos, necesitaba hablar sobre su talento a nivel internacional. Y esto puedo lograrlo a través del periodismo.»
BarthelemyPeriodista y asistente juvenil
Es un objetivo a largo plazo y aún estoy buscando becas para poder realizar un grado o máster, pero este es mi sueño. Ya he logrado publicar algunas historias a nivel nacional. El siguiente objetivo es hacerlo a nivel internacional.
Haciendo frente a los desafíos
En la República Democrática del Congo, me costó adaptarme porque no hablaba el idioma local.
También tenía problemas para acceder a las necesidades básicas. En la República Democrática del Congo, trabajaba un poco para ganar dinero, pero aquí no puedo trabajar. Al principio, recibía una paga mensual equivalente a 15 dólares estadounidenses. Y eso no era suficiente.
Cuando llegué al campamento, comparé la vida que tenía cuando salí de mi país con la vida de aquí. Al principio, dormía en una tienda que tenía el tejado en mal estado y, cuando llovía, el agua se colaba dentro. En ese momento, me ponía a llorar pensando en lo que podría haberme convertido de haberme quedado en la República Democrática del Congo.
Con el tiempo, me di cuenta de que no servía de nada llorar. En su lugar, me involucré en el trabajo comunitario, y así es como estoy construyendo mi futuro. Soy optimista. Pase lo que pase, sigo mirando al futuro.»
BarthelemyPeriodista y asistente juvenil
Crédito: © ACNUR/Dana Sleiman
También empecé a trabajar como asistente social infantil con una organización llamada Terre Des Hommes. Después de ganar experiencia con estos dos tipos de trabajo, me nominaron para copresidir el Consejo Asesor Mundial de la Juventud de ACNUR. Ahora, he dejado el puesto de copresidente
y trabajo como monitor de protección de ACNUR. Pongo a los refugiados en contacto con la oficina de ACNUR. También he podido recaudar fondos para algunas iniciativas juveniles. Además, suelo ayudar a los jóvenes con sus problemas. Por ejemplo, escribo correos electrónicos para ayudar con asuntos legales.»
BarthelemyPeriodista y asistente juvenil
Al llegar aquí, trabajé con una persona de ACNUR. Fue una gran inspiración. A pesar de que no podía obtener beneficios de mí, le apasionaba ayudar. Así que ahora, cada vez que veo a una persona con un problema, siento que tengo la capacidad para ayudarle. Es mi motivación interna.
Orgulloso de ser un refugiado
Ser refugiado presenta ciertos límites. No tenemos los mismos derechos que los demás. Además, el título de "refugiado" representa un obstáculo. Debido a esto, no puedo acceder a algunas becas y, cuando viajo, me paran para volver a comprobar mi visado, mientras todos los demás pasan sin problemas. Y encima hay cierto estigma a su alrededor. En Harare, hay algunas personas que ni siquiera quieren ser llamadas refugiados. ¿Pero yo? Estoy orgulloso de ser un refugiado. Por ejemplo, en la ciudad, suelo llevar una camiseta en la que pone "refugiado".
Me siento orgulloso porque ser refugiado me ayudó a hacer realidad ciertos sueños. En lugar de lamentarme por las dificultades, creo que es mejor convertirlas en una oportunidad para generar conciencia, ayudar a otros refugiados o perseguir mi visión.»
BarthelemyPeriodista y asistente juvenil
Y de vuelta a la República Democrática del Congo, nunca había viajado ni participado en una organización internacional. Sin embargo, desde 2017, sí que hago viajes. Incluso fui a Nueva York. Para mí, convertirme en refugiado no es algo de lo que me arrepienta.
Sabias palabras
Cuando estoy de bajón, me ayuda recordar que tengo sueños, como el de convertirme en periodista. En segundo lugar, lo que hace que siga avanzando son las personas que vienen a mí en busca de ayuda. Si no fuera optimista, los desanimaría. Por tanto, la comunidad que defiendo me da fuerza.
Para mí, la palabra "hogar" es una identidad que no cambia, pase lo que pase. Dejé mi país de origen para ir a Zimbabue, y siento que mi identidad todavía no ha cambiado. No puedo separarlo de mí; está en mis genes. Incluso en el deporte, siempre apoyaré al equipo del Congo.»
BarthelemyPeriodista y asistente juvenil
Me gustaría que se entendiera que los refugiados son como cualquier otra persona. La única diferencia es que ciertas situaciones nos llevaron a salir de nuestros países de origen. Los refugiados deben tener los mismos derechos que los ciudadanos. Tenemos habilidades como los demás y necesitamos oportunidades para desarrollarlas, de modo que podamos apoyarnos a nosotros mismos y a los demás.
Si tuviera que dar un consejo a otros refugiados, sería el de colaborar y trabajar juntos. Somos más fuertes de esa manera. También diría que los refugiados no debemos desanimarnos. Debemos utilizar la palabra "refugiado" como una oportunidad para concienciar y alcanzar nuestros objetivos.